jueves, 6 de enero de 2011

La histórica dicotomía argentina: "Civilización y Barbarie"



                                                                                                     por Fernando Quiroga


Argentina es uno de países de América Latina con menor porcentaje de población indígena, si tenemos en cuenta que en países como Bolivia, Ecuador o Guatemala dichas poblaciones superan el 60 %. Según el Censo Nacional 2001, el 2,8% de la población total de Argentina es indígena; aunque el censo Nacional 2010 arrojara nuevos resultados.
La gran reducción de la población indígena no obedece tan solo a los hechos ocurridos durante la etapa colonial, sino que es el resultado de un proyecto de país bien definido hacia finales del siglo XIX, que encandilado por la Francia ilustrada, promovía la inmigración europea como factor de civilización, despreciando a las poblaciones autóctonas que, desde esta perspectiva, representaban la barbarie. Este desdén llegó al paroxismo con la ley 947 de 1878, por la que se aprobó la denominada "campaña del desierto" que tuvo como objetivo el sometimiento de los pueblos indígenas y la conquista de sus territorios. Estos ataques, sumados a las campañas del Neuquén de 1879, a las de Chaco de 1884 y 1911, y a los episodios de Napalpi en 1924 y El Zapallar 1933 (también en la provincia del Chaco), entre otros hechos nefastos, formaron parte de una política sistemática de exterminio de dichos pueblos.
Para la clase política e intelectual de la Argentina del siglo XIX, el modelo de progreso y civilización lo constituían Francia, Inglaterra, y en especial Estados Unidos, que se presentaba como un Estado nuevo, con un gran desarrollo de la industria y del comercio, y sobre todo con instituciones públicas transparentes.
El futuro estaba representado entonces por Europa y Estados Unidos, mientras que el pasado debía ser la América española e indígena.
Según Maristella Savampa, el pensamiento latinoamericano del Siglo XIX estaba inmerso en la tensión que representaba, por un lado, la urgencia del progreso, y para ello, la exigencia de importar ciertas tradiciones; y por el otro, la necesidad de construir la nación con y desde los elementos que proporcionaba la propia realidad latinoamericana.1
En la Constitución Argentina de 1853 se pone claramente de manifiesto esa imperiosa necesidad de importar “civilización” y al mismo tiempo eliminar la “barbarie”. Así el art. 25, vigente todavía, establece “El Gobierno federal fomentará la inmigración europea; y no podrá restringir, limitar ni gravar con impuesto alguno la entrada en el territorio argentino de los extranjeros que traigan por objeto labrar la tierra, mejorar las industrias, e introducir y enseñar las ciencias y las artes”. Ya el Preámbulo señala que el objeto de la Carta Magna es “...constituir la unión nacional, afianzar la justicia, consolidar la paz interior, proveer a la defensa común, promover el bienestar general, y asegurar los beneficios de la libertad, para nosotros, para nuestra posteridad, y para todos los hombres del mundo que quieran habitar en el suelo argentino...” Esto es lo que lleva a la autora citada a afirmar que para los constituyentes de 1853 el país estaba vacío, desierto (a pesar de estar poblado por indígenas y mestizos) y que la Constitución no fue dictada para ese país real, sino para los esperados inmigrantes europeos.2
Por su parte, el ya derogado art. 67 inciso 15 establecía que le correspondía al Congreso “Proveer la seguridad de las fronteras, conservar el trato pacífico con los indios y procurar la conversión de ellos al catolicismo”. Este artículo fue suprimido por la reforma constitucional de 1949, reestablecido por la reforma de 1957 y derogado finalmente por la Convención Constituyente de 1994.
La actual Constitución Argentina, caracterizada por muchos autores como una expresión del nuevo constitucionalismo multicultural, contiene cláusulas especificas que consagran los derechos de los pueblos indígenas. A su vez, el Estado Argentino ha ratificado normas internacionales que lo obligan a una acción positiva en favor de dichos pueblos; y cuenta además, con varias normas internas sobre la materia.

1 Svampa, Maristella, El Dilema Argentino: civilización o barbarie. El cielo por asalto. Buenos Aires, 1994.
2 Idem

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